DOCUMENTOS

Aporte de la Vertiente Artiguista al proceso de elaboración, balance y perspectiva de la fuerza política [1]

I.         Por el camino de la autocrítica y el compromiso frenteamplista

Con las elecciones de mayo ha culminado el extenso ciclo electoral uruguayo, iniciado tempranamente en 2008. El balance primario de este período, con los logros alcanzados y las frustraciones vividas, ha mostrado resultados contrastantes y hasta contradictorios y deja un sabor agridulce en la militancia y en el pueblo frenteamplista.

Los frenteamplistas y en particular los vertientistas nos hemos comprometido a realizar un análisis profundo y autocrítico de lo actuado y de los resultados obtenidos. No se trata de seguidismo sino de autocrítica profunda.

El impacto fue grande. Por una parte, luego del gobierno llevado adelante desde 2005, evaluado como de los mejores gobiernos de las últimas décadas, no logramos superar el resultado de octubre de 2004 y por ende no pudimos alcanzar el Gobierno Nacional en octubre de 2009, debiendo llegar al mismo a través del balotaje de noviembre. En mayo de 2010 sorprendió la pérdida de los gobiernos departamentales en Salto, Paysandú, Florida y Treinta y Tres, así como el registro de un inédito “voto protesta” anulado o en blanco de decenas de miles de ciudadanos en Montevideo y Canelones. Está claro que como fuerza política no pudimos prever ni calibrar ni detectar la magnitud del descontento ni tampoco supimos canalizar el mismo en respuestas efectivas de cambio hacia la interna.

En la coyuntura actual no podemos soslayar un análisis crítico y por sobre todo autocrítico que culmine en respuestas políticas a problemas que tienen una naturaleza profundamente política: es necesario cambiar lo que sea necesario cambiar y renovar lo que sea necesario renovar, con el desafío simultáneo de no producir más daños en el camino, de crecer en unidad y de crecer en fortaleza política y no afectar al gobierno.

Es necesario responder a lo fundamental: a los resultados y a los factores estructurales explicativos de los mismos. Y no quedarse sólo en ello: debemos construir la agenda de los cambios en profundidad. Para ello se requiere producir credibilidad con medidas efectivas de cambio: reales, creíbles y visibles.

Los porqués de los resultados electorales nacionales negativos

Ésta es la primera cuestión que debemos plantearnos.

Distintas causas incidieron en los resultados del Frente Amplio a nivel nacional. Destacamos entre ellas:

Las carencias de comunicación desde el gobierno nacional respecto a los fundamentos político-ideológicos que permitieran asumir los contenidos que fundamentaban las distintas medidas del gobierno.

Las diferencias surgidas en torno a la aplicación de algunos aspectos emblemáticos del programa dentro del gobierno.

La pérdida por parte de la fuerza política (el Frente Amplio) de la capacidad de accionar políticamente de cara a la sociedad.

El debilitamiento al interior del Frente Amplio de la voluntad de buscar acuerdos que permitieran superar situaciones que se manifestaron tanto en el Congreso de 2007, con la elección del Presidente del Frente Amplio; como en el Congreso del Frente Amplio para la definición de las candidaturas a Presidente y Vicepresidente de la República.

La valoración de los intereses sectoriales sobre los intereses colectivos en aspectos tales como la toma de decisiones electorales, el uso particular de referencias colectivas que hacen a la identidad del conjunto del Frente Amplio, y el desarrollo de una lógica de bloques, debilitaron el principal capital del Frente Amplio que es su unidad de acción. Ello afectó la capacidad de acumulación y movilización de la fuerza política, desmotivando a un gran número de frenteamplistas que vieron en la expresión de esas diferencias o en las disputas por las responsabilidades de gobierno, peligrosos síntomas de tradicionalización de la izquierda.

Los efectos electorales de la polarización política en las departamentales

En las elecciones departamentales de mayo de 2010, a su vez, al menos tres factores estuvieron presentes, impactando de distinta manera en los diferentes lugares: la instalación o consolidación de la polarización o “balotaje departamental” de hecho, la percepción ciudadana crítica de los problemas de gestión en algún departamento y la debilidad del accionar y de la propuesta electoral de la fuerza política.

En relación con la primera cuestión cabe hacer distintas consideraciones que nos permitan ver la realidad y evitar incurrir en generalizaciones fáciles:

Como tendencia electoral de alcance nacional entre 2005 y 2010 se registra una relativa baja del Frente Amplio (equivalente al voto en blanco), pero la suma de los Partidos Tradicionales no varía mucho entre municipales. No está demás recordar, por otra parte, que en 2009 el gran derrotado fue el Partido Nacional.

Sin embargo, en el interior del país el “balotaje departamental” de hecho, se mantuvo o instaló ahora en algunos departamentos en donde somos, hemos sido o podemos ser gobierno; ello constituyó un elemento decisivo en la derrota en varios departamentos, a lo que debemos sumar los errores en que incurrimos como fuerza política.

En las elecciones departamentales de 2005, en algunos lugares los partidos tradicionales no nos vieron venir ni supieron anticiparse a nuestra victoria. Ahora sí.

El efecto de la polarización, por su parte, no fue el mismo en todos los departamentos.

La polarización favoreció al Frente Amplio en Artigas, en donde se consolidó. En Maldonado, ya se había instalado en 2005 y ahora en 2010 el Frente aumentó la ventaja sobre el Partido Nacional (a la vez que se registró cierto crecimiento del Partido Colorado).

En Rocha, el gobierno mantuvo la mayoría con aumento de la ventaja para el Frente sobre el Partido Nacional, que decreció al igual que el Partido Colorado.

La polarización jugó a favor del Partido Colorado en Salto, con transferencia de votos del Partido Nacional, y en contra del Frente Amplio. Y operó a favor del Partido Nacional en Florida, donde creció poco el Frente Amplio, creció el Partido Nacional y decreció el Partido Colorado.

En Paysandú crecieron el Partido Colorado y Partido Nacional y decrecimos nosotros.

En Río Negro decreció el Frente Amplio y el Partido Nacional y creció el Partido Colorado.

En Treinta y Tres, la polarización ya estaba instalada en 2005, producto de una interna dentro del Partido Nacional que lo debilitó electoralmente. En 2010, decreció el Partido Colorado, recompuso el Partido Nacional y la polarización lo favoreció, decreciendo el Frente Amplio.

Respecto del 2005 en Florida y Salto se mantuvo la votación en términos porcentuales, en cambio en Paysandú, Treinta y Tres y Río Negro, la votación cayó algunos puntos.

Las explicaciones principales de los malos resultados (nacionales y en parte departamentales) debemos encontrarlas en la crisis de la fuerza política

Nos quedamos cortos si sólo analizamos los factores de la derrota o los retrocesos exclusivamente en las elecciones de octubre y mayo y no calamos en las cuestiones de fondo. Porque estamos frente a una crisis de la fuerza política que se arrastra desde hace mucho tiempo.

El Frente Amplio, como fuerza política y como movimiento societario con fuerte arraigo cultural, es el resultado de un largo proceso de acumulación histórica del pueblo uruguayo y de sus organizaciones políticas y sociales a lo largo del siglo XX. El Frente no es la sumatoria de sus partidos y sectores más su estructura común. Tampoco es su orgánica, ni sus líderes y dirigentes, ni sus equipos de gobierno, ni sus bancadas legislativas. Tampoco es la suma de todo esto más sus símbolos y tradiciones. El Frente es una realidad compleja, una identidad política, que incluye todo eso y mucho más y es patrimonio de todo el pueblo frenteamplista.

En esta segunda década del siglo XXI, el Frente sigue siendo una realidad política tan vigente como compleja, coalición y movimiento, pero no a la manera de 1971 ni de 1984, sino bajo formas y realidades muy diferentes y cambiantes, propias de una sociedad, como la uruguaya, que está en un acelerado proceso de cambios.

El Frente Amplio representa el único proyecto de país posible, pero está enfrentado a una crisis importante

Ambas afirmaciones son ciertas. El Frente representa el proyecto nacional, popular y democrático y en él ha depositado la esperanza una mayoría muy importante de los uruguayos. Es la única fuerza política con capacidad de liderar un proceso de cambio progresista.

A pesar de que lo anterior es cierto, estamos en una crisis profunda como fuerza política. Que no empezó el año pasado, que no sólo se expresó en la elección departamental y municipal del 9 de mayo. Que no sólo empezó en los meses previos al Congreso de diciembre de 2008. Que se remonta a mucho antes de 2005.

En gran medida la crisis es el resultado de la inadecuación de la práctica y las acciones políticas a la realidad nacional y de una incomprensión de los cambios producidos en la misma. Esto ha debilitado su capacidad de interpretar y comprender la realidad y de incidir en ella.

Mientras el pueblo le ha confiado al Frente por dos períodos sucesivos la conducción del país y una mayoría parlamentaria, el Frente arriesga su capacidad de conducción y evidencia síntomas de un divorcio entre la sensibilidad del pueblo frenteamplista y las decisiones y señales de su expresión política (en sus variadas instancias: orgánicas comunes, sectoriales, voceros y referentes, etc.).

En numerosas situaciones y lugares el Frente Amplio ha estado tan alejado de sus propios gobiernos como del país y la sociedad. En otras situaciones el Frente Amplio ha respondido a la realidad y se ha identificado con su gobierno: como en la respuesta a la crisis económica, la emergencia social, el saneamiento ético del Estado o la lucha por los derechos humanos.

A pesar de sus debilidades el Frente no ha registrado una disputa real de su liderazgo como partido mayoritario en la escena política nacional. Los partidos tradicionales no articulan ni presentan alternativas, ni tienen un buen diagnóstico de la realidad nacional; no conocen al país actual ni sintonizan con el estado de ánimo de la gente. Ello no es casualidad: fracasó estrepitosamente en el país, la región y el mundo el modelo conservador que abrazaron, que se aplicó durante décadas y que condujo a los mayores desastres sociales, económicos, políticos y culturales de la historia contemporánea.

No obstante ello, a nivel departamental los Partidos Tradicionales lograron expresar su mayoría en departamentos que antes había ganado el Frente Amplio. Ya analizamos esta cuestión.

En el caso de Montevideo, el descenso de la votación del Frente es consecuencia más que nada del propio accionar del Frente y de cómo lo ha percibido la gente. En el departamento de Canelones se requiere de una explicación para el alto porcentaje de voto en blanco, muy probablemente vinculado con el descenso en algunos puntos del respaldo al Frente, respaldo que sin embargo continúa siendo excepcionalmente alto.

Paradojal circunstancia la de estos resultados departamentales, cuando se sale de un ciclo político y de gestión en el cual el Frente ha protagonizado un gobierno nacional exitoso y con alto respaldo y adhesión popular y varios gobiernos departamentales en las mismas circunstancias (algunos de los cuales se perdieron en la reciente elección).

La crisis del Frente Amplio no es atribuible a una cuestión orgánica. No es tanto una crisis de su estructura sino ante todo una crisis ideológica y política

Los problemas anteriormente descritos no obedecen a una única causa. No se deben principalmente a la decadencia y falta de funcionamiento de las estructuras comunes, ni al vaciamiento de los comités de base, ni a meros problemas funcionales de estructura alguna o aspectos de conducción personal o colectiva.

En distintas circunstancias los equipos de gobierno y otros ámbitos institucionales han estado programática y políticamente por delante del partido. En relación con el Frente Amplio ha sido evidente la carencia de nuevas reflexiones e ideas en la fuerza política, sumada a la creciente debilidad de los acuerdos que nos vinculan, a una baja calidad de elaboración partidaria y a una disolución notoria de la disciplina política.

El camino de superación no vendrá entonces de producir una nueva ingeniería institucional, por más creativa y necesaria que ésta sea, ni de la recomposición de equilibrios internos en cuerpos de dirección. Vendrá de la profundización del debate político y la gestación de acuerdos reales y profundos para la inserción en la sociedad y la renovación de la fuerza política.

Por supuesto que la debilidad de la orgánica incide y a su vez es consecuencia de lo anterior, pero ésta no recuperará vitalidad si no adquiere vida política interna y contenidos reales más allá de las instancias electorales recuperando la acción política permanente. 

Las condiciones para la acción política generadas a partir de 2005 demandan respuestas nuevas

Cuando el Frente asumió la responsabilidad de gobierno en la Intendencia en 1990, algunos temas teóricos como la “relación fuerza política-gobierno” o la “relación gobierno de izquierda-sindicatos” pasaron a tener una entidad real. Quince años después, en 2005, esta situación se vivió a escala nacional y en ocho departamentos.

Estas nuevas realidades, consolidadas en la elección de noviembre 2009 y con cinco gobiernos departamentales y decenas de municipales en 2010, definen un contexto muy diferente a las condiciones de los períodos anteriores (legislatura 1985-1990, y legislaturas entre 1990 y 2005).

Los centros de decisión política pasaron primero de la esfera partidaria a una esfera mixta, con peso creciente de la bancada parlamentaria; en una segunda instancia con una fuerte incidencia de los elencos de gobierno departamental de Montevideo y finalmente, a partir de 2005 en un marco complejo, en el cual la negociación en la bancada parlamentaria más la acción en el Poder Ejecutivo y muy en tercer lugar en los gobiernos departamentales, dejaron a un lado la incidencia de la estructura partidaria del Frente Amplio.

Estos procesos se fueron dando en paralelo al descenso de la participación y recomposición de las organizaciones sociales y gremiales, ámbitos de masas en los cuales tradicionalmente se formaron las sucesivas generaciones de militantes y dirigentes de izquierda. Actualmente, salvo el caso del movimiento sindical –en una medida muy importante gracias a las políticas públicas del primer gobierno progresista– en el que aún subsiste un tipo de práctica de esa naturaleza encuadrada en las nuevas condiciones, han prácticamente desaparecido otras formas organizativas y eso incide en forma determinante en la emergencia de recambios.

No es posible pensar que desde la “visibilidad” de ejercer posiciones de gobierno y gestión, políticas o tecnopolíticas, puedan emerger los nuevos elencos dirigentes con proyección de masas.

Crisis en la coalición, crisis en el movimiento

A la crisis del movimiento (ausencia de dirección, debilidad creciente de estructuras comunes) se sobrepone, por primera vez, la crisis de la coalición. Hay códigos y formas de relacionamiento que se debilitaron o se rompieron en los últimos años. En las campañas 2009-2010 se rompieron reglas históricas en materia electoral, y en la distribución de responsabilidades en el gobierno otras tantas.

Como efecto o parte integrante de la reforma electoral de 1996, las formas de competencia evolucionaron rápidamente hacia la ruptura de la fraternidad interna e incluyeron la erradicación del criterio del consenso. A su vez, éste, muy útil para la acumulación política desde la oposición, se volvió difícil de mantener ejerciendo el gobierno. Y se ambientó la potenciación de las estructuras sectoriales tras tal o cual precandidato, en detrimento de las estructuras comunes.

A este proceso se le suma la estructuración interna de los sectores que se transforma en extremadamente débil y volátil, con migraciones de dirigentes y legisladores y lealtades poco estabilizadas. Esta nueva realidad genera una fuerte tensión y absorción de energía hacia la interna de la coalición y de los sectores. Estos sectores se vuelcan cada vez más a formatos de subcoaliciones y acuerdos inestables de dirigentes, sin una base política sólida en común y con un déficit en su democracia interna, con una importante disputa de posiciones de poder. Estas tensiones se registran desde los ámbitos departamentales y locales hasta la escena nacional y generan un debilitamiento general de las posiciones políticas.

En este escenario ganan peso de opinión como individualidades los gobernantes y líderes comunes o sectoriales; y éstos se expresan y confrontan posiciones tanto en los organismos como en los medios de comunicación. 

La debilidad y la vulnerabilidad del Frente Amplio como fuerza política quedaron al desnudo

Para que se valorice y se capitalice en términos políticos y electorales lo hecho en el gobierno se necesita una fuerza política fuerte, con una dirección unida y que emita mensajes claros y no enfrentada o divorciada de su gobierno y también del pueblo.

La debilidad y la ausencia de liderazgo a lo largo de todo el período 2005-2010 de la fuerza política fue evidente a todos los niveles: en la debilidad de la unidad para la acción; en el casi inexistente trabajo de inserción social, en merma de la convicción de nuestros militantes, en la poca capacidad de comunicación, en la falta de fuerza de la conducción o en la no selección de referentes. Cuando no estaban presentes los grandes liderazgos quedaron al desnudo las debilidades y se manifestó el fraccionalismo. A nivel departamental, en algunos casos no teníamos liderazgos locales o cuando emergían de forma ciega los bloqueamos.

En particular las campañas hacia mayo de 2010 fueron inusualmente débiles y malas, tanto en la selección (método o nombres) de candidatos a intendentes o alcaldes en muchos lugares, aspecto en el cual también incidieron las pluricandidaturas de modo muy negativo; como en la distribución de los recursos o en la publicidad, salvo excepciones contadas.

Así como en las internas y en la campaña hacia octubre, en mayo predominó un sectorialismo extremo y en algunos departamentos agravado en el marco de pluricandidaturas artificiales (que primó sobre la voluntad de acuerdo, o para ahorrar problemas internos). En muchos casos estas candidaturas disputaban fundamentalmente el voto entre los frenteamplistas y no con nuestros adversarios.

No hubo señales claras ni directivas de voto fundamentadas, en particular en la cuestión de los gobiernos municipales, mientras que sí hubo abundantes y acertadas directivas de voto por parte de nuestros adversarios. Por otra parte, el creciente cansancio y hartazgo popular con el ciclo electoral impactó en el dinamismo político global y afectó también a la izquierda, de una manera hasta ahora desconocida. La frialdad de las campañas, especial pero no únicamente en Montevideo, es una muestra de estos efectos que no debemos desatender.

Los problemas de gestión a nivel de gobierno y de vínculo de los gobiernos departamentales con el gobierno nacional y la fuerza política

La protesta electoral fundamentada por problemas asociados con la gestión probablemente nos afectó en algunos departamentos –como en Montevideo por la visibilidad de la cuestión de la limpieza y su conjunción con múltiples factores– o en ciertas poblaciones del interior de los departamentos.

También –y esto es para destacar– nos afectó la conjunción de ejemplos de buena o muy buena gestión con poca o mala acción política. No expandimos la base social y territorial en la mayor parte de los lugares. No hicimos siempre política desde el gobierno, y con alguna excepción aislada, tampoco desde la fuerza política, desde la cual en algunos casos se emitieron permanentemente mensajes críticos y negativos.

También debemos registrar la persistencia de nuestra falta de aptitud para resolver distintas situaciones. Por años, la idoneidad técnica y política para ocupar cargos de gobierno y administración –no electivos por el voto ciudadano–, fue nuestro emblema, pero al momento de seleccionar responsables este criterio no siempre ha primado. Por otra parte, nunca se había esgrimido como argumento el respaldo electoral para reclamar responsabilidades, lo que a su vez ambienta que los sectores y compañeros demanden lugares en función de dicha lógica, y origina distintos malestares porque no se logra identificar la justificación de ciertas designaciones

Como producto de todo ello, en algunos departamentos la gestión quedó en manos de quienes fueron designados, ya fuera representando a ministerios o al gobierno departamental, y la tarea se desarrolló con énfasis personales o sectoriales más que por decisiones colectivas vinculadas al conjunto del gobierno y a la fuerza política.

En su conjunto y promedialmente nuestros gobiernos a nivel departamental fueron buenos, y en algunos casos excepcionalmente buenos, pero debimos aprender que así como los malos gobiernos suelen terminar inevitablemente en derrotas, los buenos gobiernos no necesariamente traen por sí victorias electorales y respaldos populares mayoritarios.

Esta realidad es aún más evidente en sociedades fracturadas en el campo político y cultural en dos bloques político-programáticos con pesos equivalentes. Es por ello preciso aunar la buena gestión con acción política, movilización social y cambio cultural para que la gente sea parte y se apropie de los procesos de cambios e identifique políticamente a las fuerzas que los lideran.

También aprendimos que se debe enfrentar el corporativismo y mostrar sentido de los límites y de capacidad de ejercer la autoridad. No hicimos una acción congruente para avanzar en la Reforma del Estado en profundidad (incluida la descentralización y la creación del tercer nivel de gobierno, en lo que hubo dudas y retrocesos) ni enfrentamos el corporativismo con la decisión que correspondía, en particular en algunos episodios en la capital del país.

Tampoco supimos combinar la acción gobierno nacional y gobiernos departamentales. Los gobiernos departamentales de los Partidos Tradicionales supieron aprovechar y lucirse con los recursos provenientes del Gobierno Central, que en general presentaron como logros propios en sus campañas políticas locales, lo que no siempre se logró mostrar desde nuestros propios gobiernos. A su vez, a nivel nacional no se exigió en forma efectiva contrapartidas de buena gestión a los gobiernos departamentales para obtener dichos recursos. La lección aprendida es que no se pueden desarrollar políticas nacionales en forma administrativa.

Tampoco supimos, en algunos departamentos, combinar políticas sociales, culturales y de ciudadanía, en las que sin duda somos fuertes e innovadores, con el denominado “ABC” de la gestión local (alumbrado, barrido-limpieza y caminería-vialidad, etc.)

Por otra parte, también comprendimos, una vez más, algo que siempre supimos: que es preciso atender las particularidades, a la especificidad y la diversidad cultural de lo local.

El tercer nivel de gobierno nos va a obligar en lo inmediato a ir a lo profundo. Necesitamos más descentralización y no menos descentralización, lo cual conlleva un enorme desafío en el actual período. Lo que quiere decir que en términos electorales se necesita promoción y apertura a nuevos candidatos y propuestas políticas.

II.            Construyamos las respuestas entre todos

El Uruguay y el Frente Amplio viven momentos de cambios, no exentos de problemas, de discusiones pendientes y de facetas críticas y autocríticas. Como aporte al debate necesario, la Vertiente Artiguista, desde su profunda identidad frenteamplista, entiende necesario plantear en esta instancia al país y a los compañeros y compañeras frenteamplistas en particular su visión de la actual coyuntura y también su visión de cómo se deberá transitar las próximas etapas.

Como los problemas que detectamos y sufrimos son de carácter político y fundamentalmente obedecen a nuestros propios errores, carencias y limitaciones, estamos convencidos que se necesitará alcanzar un nuevo acuerdo político sobre la base de dos ejes centrales: por una parte profundizar y diversificar el vínculo de la fuerza política con la sociedad y por otra avanzar decisivamente en la renovación de la propia fuerza política. Pero nada de ello será posible sin poner arriba de la mesa de discusión los rasgos sustantivos del proyecto común, sin eludir los aspectos ideológicos y políticos, con una visión estratégica y con la voluntad de una actualización programática impostergable.

Luchar por la hegemonía como meta de largo plazo

No queremos eludir los temas duros o complejos de enfrentar.

Durante los cinco años del primer gobierno frenteamplista no disputamos sistemática y explícitamente la hegemonía, ni a nivel nacional ni departamental: esta limitación, muchas veces autoimpuesta es visible desde los contenidos y la agenda del discurso político a la incidencia del mismo en los sistemas de comunicación.

Al Frente Amplio le cuesta muchísimo comprender e integrar los problemas nuevos, también le es muy difícil entender e involucrarse en los grandes programas de transformación de la sociedad impulsados desde instancias de gobierno.

El mundo ha cambiado. Con la honda crisis del capitalismo se está construyendo aceleradamente una nueva geografía del poder mundial y regional, emergen nuevas demandas individuales o grupales en un mundo en el cual prima la ideología consumista, se profundiza la fragmentación social y la violencia en gran parte del planeta, se fortalecen nuevos –o ya existentes– actores internacionales, nacionales o locales, las nuevas agendas ambientales, educativas y del conocimiento, de seguridad y de comunicación, de derechos y de relaciones de poder, de valores y formas de vida, las nuevas percepciones de la equidad, la solidaridad o la libertad.

En este contexto es responsabilidad de quienes nos definimos de izquierda comprender la realidad y desarrollar una mirada, estrategias y políticas de largo aliento. La renovación y la actualización programática deberán responder a esta realidad y en ese proceso deben involucrar en la discusión a la militancia y al pueblo frenteamplista.

10 propuestas de la Vertiente Artiguista para cambiar el Frente y al país

1.-          Promover un amplio debate sobre la renovación y el fortalecimiento del Frente Amplio. Construcción de una agenda de los cambios necesarios.

El Frente debe iniciar un profundo debate y análisis político. Consideramos que como actitud básica en esta etapa de análisis y discusión es necesario construir, entre todos, una agenda de cambios para la actualización y la renovación de nuestro Frente Amplio y en particular para promover la mayor participación del pueblo frenteamplista en la vida interna y en las decisiones fundamentales de nuestra fuerza política.

No se trata solamente de percibir síntomas y de diagnosticar problemas. Se trata de impulsar aquellos cambios imprescindibles a través de un involucramiento colectivo del pueblo frenteamplista y con agudo sentido autocrítico.

Creemos que las señales que el pueblo frenteamplista y la ciudadanía toda han dado han sido suficientemente elocuentes y que, por consiguiente, ahora de lo que se trata es de actuar.

Esta agenda para los cambios deberá ser la consecuencia de una elaboración plural y colectiva; no la deberán construir exclusivamente los referentes, los grupos y organizaciones de la izquierda, sino que deberá emerger de un profundo diálogo con la sociedad y en especial con aquellos sectores que históricamente han sido y siguen siendo la base social del proyecto frenteamplista, aún desde el malestar y la protesta.

2.-          Reafirmar la pertenencia, la ética y la mística frenteamplista.

Las organizaciones políticas, sobre todo las de izquierda deben seguir siendo organizaciones de ciudadanos y ciudadanas.

Su identidad está sustentada en fuertes compromisos ideológicos y valores éticos relacionados con compromisos de vida, cuya vigencia debe ser permanentemente renovada.

Es muy grande el riesgo que se corre cuando se está frente a la posibilidad de desviaciones en los fines y los motivos de la acción colectiva y las organizaciones se constituyen en agrupaciones de profesionales de la política. Éstas revierten en problemas que son aún más grandes cuando se produce una asociación del elenco político profesional con la organización política y del partido con el gobierno.

Algunos de estos síntomas se vienen manifestando desde largo tiempo atrás, pero el fenómeno inducido por el acceso al nivel del gobierno nacional y de los gobiernos departamentales y locales, sumado a la permanencia y continuidad en los mismos y las realidades parlamentarias pueden determinar no sólo el vaciamiento de la fuerza política y su subordinación en los niveles de gobierno y gestión sino además una pérdida de objetivos políticos y una aberración profunda en cuanto a la motivación por la cual se trabaja en política y cambios fundamentales en cómo se vive la motivación por la acción política.

En el Uruguay de hoy, la organización política por excelencia del pueblo para la acción política permanente es el Frente Amplio. Esta convicción no es contradictoria con las constataciones acerca de la decadencia del funcionamiento interno, los problemas de dirección o la ausencia de línea política o la debilidad del pensamiento programático. Señala que la vigencia y la fortaleza real en términos políticos de los “sectores” (partidos, movimientos, subcoaliciones, listas, etc.) están asociadas con el destino y la vigencia del proyecto común del Frente Amplio.

Por eso es necesario hacer un enérgico esfuerzo por volver a dotar de contenido ciudadano y energía militante al Frente como tal y a sus organizaciones con una fuerte impronta ética y altruista.

Sólo con una amplia participación ciudadana, con más gente sintiéndose parte y decidiendo, se podrá alejar de algunas de las prácticas más nocivas y desestructuradoras de la acción política como lo son la lucha de aparatos, la primacía de proyectos grupales o personales o la irrelevancia programática.

La necesaria renovación anímica y política del Frente deberá ser consecuencia de la autocrítica y de la voluntad de renovar, impulsando la más amplia participación del pueblo frenteamplista tanto en el debate como en las decisiones que se tomen.

3.-          Enriquecer el proyecto estratégico de la izquierda y su expresión política en el Frente Amplio.

Es necesario profundizar los cambios que propulsaremos, con sólidos fundamentos en el terreno ideológico y político. Con ese punto de vista, a nuestro juicio, en todos los aspectos de la vida social y en todas las escalas territoriales debemos luchar por la profundización de la democracia, por el desarrollo, la igualdad de oportunidades, el cambio cultural y la sustentabilidad económica, social y ambiental.

Éstas son hoy las líneas más importantes de la lucha por la hegemonía social, política y cultural en una perspectiva de izquierda en la lucha por los cambios progresistas en el país, en la región y en el mundo.

Sabemos que por largo tiempo coexistirán en nuestras sociedades empresas fundadas en el capital, Estados con proyección regional y articulación mundial, y sociedades civiles locales, regionales y mundiales. Estados que procuraremos sean fuertes, capaces de implementar políticas activas, conductores, reguladores, sociales y productores de bienes públicos. Sociedades civiles, que fomentaremos sean dinámicas, organizadas y progresistas, autónomas del Estado y del poder político y con capacidad de iniciativa.

A partir de los nuevos datos de la realidad regional e internacional, entre los cuales destacamos las crisis financieras recientes, la progresiva y persistente destrucción ecológica, el crecimiento y envejecimiento de las sociedades, la persistencia de los estigmas de la pobreza, marginalidad y exclusión, las agudas cuestiones de convivencia y seguridad, la emergencia de nuevas demandas individuales y grupales, y otras vulnerabilidades; con estos cambios se crean condiciones favorables para que el péndulo retorne hacia el progresismo por la vía de la jerarquización de las políticas públicas que atiendan las nuevas realidades y del fortalecimiento de la sociedad civil con similares objetivos.

También sabemos, quienes compartimos una identidad de izquierda, que esa coexistencia de actores comprende la potencialidad de cooperación en algunos terrenos y fuertes tensiones y conflictos en otros (cooperación dinámica y coexistencia contradictoria). En nuestro concepto, si la hegemonía es democrática y se desplaza hacia el Estado-sociedad, se avanza en la dirección de una sociedad más igualitaria y más libre. Como nuestro planteo es éste, no consideramos aceptable ni viable la denominada “humanización del capitalismo”.

No nos conformamos con un “crecimiento con equidad” que redistribuya algunos puntos del producto en lo social en tiempos de bonanza económica.

Nuestro objetivo es la redistribución de la riqueza y, en general, la democratización de las relaciones sociales, conscientes de que debe primar del interés general sobre el particular –individual, grupal o corporativo– y otorgarse la prioridad en favor de los más postergados, excluidos y discriminados. Asumiendo un proyecto de sociedad que supone un desplazamiento del poder hacia dichos sectores. Utilizando formas de organización y expresión apropiadas y usando al estado como un instrumento privilegiado para la producción de valores públicos y para el empoderamiento de la sociedad.

Si el eje de las relaciones de poder se desplaza hacia la sociedad-Estado en el manejo, regulación o acceso, de los grandes bienes, activos y patrimonios colectivos (el ambiente y los recursos naturales, como el agua, los sistemas de salud, la educación y el acceso al conocimiento, la energía y las telecomunicaciones, la seguridad pública, etc.), y en las regulaciones de mercados claves, como los energéticos o financieros, por ese camino –en el mediano y largo plazos– las formaciones sociales humanas podrán evolucionar hacia nuevas democracias sociales con los perfiles y escala del siglo XXI, y no estar sometidas a la hegemonía cultural de las grandes corporaciones, centros de poder internacional

Es nuestra tarea avanzar en esa dirección, hasta tanto emerjan, por caminos que hoy no podemos avizorar, pero en la dirección por la que trabajamos, formas de producción y de organización de la vida humana más justa y sustitutivas de las actuales.

En esta línea de acción han procurado actuar los gobiernos progresistas con sus políticas públicas, aunque no siempre hayamos logrado conceptualizarlo así en nuestra militancia.

4.-          Reconstruir, fortalecer y desarrollar la alianza social de los cambios –en el Uruguay y en la región–, y para ello las políticas públicas desde el gobierno, la acción política permanente y la inserción social de nuestra fuerza política.

El proyecto estratégico del Frente Amplio supone, para que sea viable, la reconstrucción, mantenimiento y desarrollo de una alianza social amplia: el bloque social de los cambios.

En esta línea de acumulación política y social ha actuado históricamente el Frente Amplio y cuando en ella se ha fortalecido ha sido exitoso.

Nuestros gobiernos –nacionales y departamentales, y desde julio de 2010, municipales– han privilegiado y privilegian acertadamente –en lo sustancial– los intereses de los sectores sociales más empobrecidos y excluidos y de los trabajadores asalariados y han contemplado el conjunto de los intereses del bloque social de los cambios en su apuesta estratégica. No obstante ello no hemos trabajado suficientemente la apropiación de muchos de los logros y cambios en importantes sectores beneficiados, ni logrado la traducción de todo ello en mayores niveles de conciencia, compromiso e identificación con el proyecto.

Pero también han aparecido algunas heridas o fisuras en los últimos años, en particular en relación con algunos sectores medios que es preciso superar y suturar, recomponiendo y fortaleciendo la solidez de la alianza social que justifica y sostiene el proyecto frenteamplista.

Para el fortalecimiento del bloque social de los cambios y para encarar las luchas por el desarrollo y la hegemonía social y cultural de un proyecto progresista es preciso jerarquizar, en primer lugar, la evaluación crítica y la renovación de las políticas públicas que se implementan, lo que debe realizarse desde una mirada política y social, tanto a nivel nacional como local incluyendo en ella un análisis estratégico.

El Frente Amplio, su gobierno nacional y sus gobiernos departamentales, tienen como desafío de futuro y como tareas pendientes alcanzar una real democratización de las políticas públicas a través del involucramiento en las mismas de las expresiones organizadas de la sociedad y de los ciudadanos y ciudadanas. Involucramiento y democratización que requieren además, un sustantivo esfuerzo en lo comunicacional.

5.-          Fortalecer la inserción social y el trabajo local del Frente Amplio. Retomar el camino del diálogo con la sociedad apostando a los Municipios y a otros instrumentos y políticas.

Para asegurar la sustentabilidad de la propuesta política resulta clave, decisivo y relevante, fortalecer la inserción del Frente Amplio en la sociedad y su capacidad de acción política, tanto en el vínculo y respaldo a sus gobiernos como en la construcción de redes de participación y acción social que posibiliten y estimulen el desarrollo autónomo y el crecimiento político de los actores sociales del campo popular y la construcción plural de ciudadanías, reconociendo la diversidad de expresiones sociales y culturales.

Será necesario también impulsar el debate acerca del necesario despliegue de un buen discurso comunicativo de la izquierda y no sólo desde los ámbitos de gobierno ejecutivos o parlamentarios.

A su vez, el fortalecimiento y la proyección de la alianza para los cambios no podrá circunscribirse exclusivamente a la realidad del país sino que debe insertarse en los complejos y dinámicos procesos regionales y continentales de los cuales somos parte. 

6.-          Cultivar y preservar la regla de oro de la unidad de acción.

Para el proyecto frenteamplista la unidad de acción constituye una premisa estratégica fundamental, en tanto constituye una condición imprescindible para realizar el proyecto democrático de cambios sociales profundos, así como también una condición para preservar y desarrollar la identidad frenteamplista que le da fundamento.

En el pasado reciente, en varios episodios, hemos pagado un alto precio por no cultivar, preservar y respetar las reglas y valores de la unidad de acción política y por abrirle espacios a una suerte de “tradicionalización” de nuestro accionar político. Por todo ello resulta fundamental reafirmar y recuperar la voluntad de acuerdo político.

Más que problemas de diseño, organización y funcionamiento de la estructura política, el Frente Amplio se enfrenta a la necesidad de comprender y resolver sus problemas políticos.

El Frente padece de carencias en cuanto a actualizar y reformular los acuerdos fundamentales que le dan sentido.

El compromiso político fundacional debe ser interpretado en clave contemporánea, reafirmando, en el debate y la discusión de ideas, la cultura y la práctica política unitaria que nos hicieron fuertes, que nos han dado el liderazgo moral en la sociedad uruguaya, y que nos han convertido en una referencia a nivel internacional y permitido la acumulación histórica formidable de los últimos cincuenta años a nivel político y social. 

7.-          Fortalecer y proyectar al Frente Amplio como organización política, e impulsar la renovación generacional en la izquierda.

A partir de lo expuesto en los puntos anteriores, queda claro que la clave para los cambios es el fortalecimiento del Frente Amplio como tal, en tanto es la mayor construcción política de la izquierda y del pueblo uruguayo en toda su historia. Éste fortalecimiento se deberá apoyar en dos pilares fundamentales: la profundización y elaboración colectiva del horizonte programático, de la utopía por la que luchamos; y la ampliación y consolidación de la base de sustentación de la participación del pueblo frenteamplista en la vida interna y de su expresión en los organismos de representación, así como también el fortalecimiento y la profundización de la discusión, amplia y transparente, de las grandes líneas y objetivos para los distintos niveles de gobierno y para la fuerza política, siempre respetando la unidad en la diversidad y aplicando la regla de oro de la unidad de acción.

Consideramos que es necesario fortalecer la participación en la vida interna, fortalecer el sentido de pertenencia de la base frenteamplista y ampliar y diversificar las bases de la representación de las estructuras intermedias y de dirección por caminos innovadores.

Por sobre todo, es conveniente involucrar en la base a los militantes y simpatizantes en la generación de redes y de diversas formas de integrarse al funcionamiento político y a la toma de decisiones.

Para ello es necesario ser creativos, abiertos e imaginativos en las propuestas e innovaciones a introducir en las formas orgánicas, al mismo tiempo que garantistas, para incorporar ámbitos de debate y elaboración política –con funcionamiento apoyado en las tecnologías de la información y las comunicaciones, pero también con la participación real, directa y presencial en instancias a definir y para evitar estructuras u ámbitos de ficción– en los ámbitos comunes de la estructura orgánica del Frente Amplio.

Como es evidente, este requerimiento garantista también se aplica a las estructuras ya tradicionales que sustentan el doble carácter de coalición y el movimiento de nuestro Frente.

A su vez, fortalecer de la fuerza política supone asumir decididamente el impulso a la participación de los jóvenes en su vida interna, en la construcción de la agenda y en la toma de decisiones.

El proyecto del Frente Amplio en tanto proyecto histórico de transformación nacional no es un proyecto de una sola generación. Asegurar la continuidad del proceso de cambios, y encarar la necesaria renovación de los nuevos contingentes de militantes y dirigentes que sean alternativa de la nueva derecha en proceso de gestación, es una de las tareas estratégicas más importantes de la etapa que debe asumirse como tal.

8.-          Apelar a la consulta directa de los frenteamplistas en determinadas circunstancias y al plebiscito como forma de fortalecer el proceso de toma de decisiones.

Así como urge el fortalecimiento de la dirección política colectiva y el fortalecimiento y redimensionamiento de las estructuras comunes, también es necesaria la apertura al recurso del ejercicio de la democracia directa para definir cuestiones determinadas como fundamentales o bien aquellas que se bloquean en los organismos de la democracia de representación (a veces por requerir mayorías demasiado exigentes).

Desde este punto de vista entendemos que se debe instrumentar formas de consulta interna y usar el Plebiscito –con adhesión simultánea– para definir y laudar cuestiones controversiales no programáticas (candidaturas comunes, elección del Presidente de la fuerza política o pronunciamientos sobre opciones políticas de gran sensibilidad).

En las actuales circunstancias, correspondería evaluar el uso de este mecanismo para impulsar la participación de los frenteamplistas en aspectos que estarán en el debate en los próximos meses como la renovación de la Presidencia y para el respaldo de muchos de los cambios propuestos, en caso de que ellos logren los acuerdos internos necesarios.

9.-          Desarrollo del pensamiento político, la elaboración programática y la formación política. La Fundación Líber Seregni y otros ámbitos.

Finalmente, se trata de alimentar el proyecto político con ideas y con acuerdos profundos sustentados en las mismas. Para ello es necesario contar con espacios y con instancias que permitan –más allá de la acción parlamentaria o de gobierno– estimular la discusión política y la elaboración programática.

Para ello, el Frente deberá realizar un esfuerzo específico, fortaleciendo ámbitos de pensamiento, debate y producción de ideas y propuestas programáticas.

Una de las estructuras de apoyo para los procesos de cambio que posee un potencial aún no desarrollado es la Fundación Líber Seregni. Visualizamos la posibilidad de su transformación a corto plazo en un verdadero centro de elaboración y debate de ideas, información y, fundamentalmente, formación de cuadros de la fuerza política para la acción política permanente en los distintos ámbitos de la sociedad y del gobierno.

En particular, es necesario que las grandes líneas que el gobierno implementa a través de distintos instrumentos y acciones sean debidamente analizadas, criticadas, explicadas, debatidas y comprendidas, para que los militantes y simpatizantes de todas los cortes generacionales y espacios territoriales y ámbitos sociales, y muy especialmente los jóvenes, puedan conocerlas, discutirlas, difundirlas, defenderlas y aportar a su enriquecimiento o superación.

En el marco de estas tareas, reviste valor estratégico el seguimiento y apoyo a las estructuras departamentales y locales, y muy en especial en los espacios de gobierno y de acción política en el interior del país, muchas veces librados a sus esfuerzos y posibilidades.

En el período próximo, deberá ser una prioridad de toda la estructura frenteamplista apoyar y coordinar tanto con quienes ejercen las responsabilidades de gobierno a nivel departamental o local en el interior, como a quienes ejercen similares responsabilidades desde la oposición en los restantes ámbitos territoriales.

10.-      Defender y profundizar los logros del gobierno nacional y de los gobiernos departamentales y locales progresistas.

En los últimos 25 años, pero en particular desde que hemos asumido responsabilidades de gobierno primero en la Intendencia de Montevideo y luego en el país, los frenteamplistas hemos aprendido –no sin dificultades y conflictos– que realizar buenos gobiernos no implica automáticamente comprensión y aceptación ciudadana, y mucho menos determina un protagonismo ni apropiación colectiva de los cambios por parte de la gente. El realizar un buen gobierno es una condición necesaria, pero es no suficiente para el desarrollo del proyecto político. Tampoco asegura de por sí la obtención resultados electorales favorables en la elección siguiente, si no media para lograrlos la acción pública y político partidaria con capacidad para interpretar y comunicar a la sociedad la propuesta política y por sobre todo para continuar alimentando una perspectiva de cambio democrático.

La acción política permanente no es solamente una necesidad para el buen desempeño electoral sino la condición misma de existencia del proyecto frenteamplista. Su ausencia pone en riesgo todo el proyecto. Su actualización es una necesidad en clave del siglo XXI.

A modo de conclusión

¿Qué futuro tiene el Frente Amplio? El futuro depende de cuán profundos resulten los nuevos acuerdos políticos que se celebren.

Se está ante un debilitamiento del compromiso fundacional. Si se quiere avanzar, si se quiere proseguir un camino juntos, con elementos de unidad que vayan más allá de la sola acumulación electoral para alcanzar posiciones de gobierno, es necesario procesar un intercambio político profundo, visualizar al país real, sus problemas y alternativas, construir una lectura del mismo, un nuevo relato, y encontrar la forma de mantener una dinámica interna que combine debate político, fraternidad y unidad de acción.

Vertiente Artiguista

Montevideo, 4 de setiembre de 2010

[1] Documento elaborado por la Directiva Nacional de cara al II Congreso de la Vertiente Artiguista “Mario Benedetti” a realizarse el 27 y 28 de noviembre de 2010.