"Enseñamos cosas que socialmente no importan". Ricardo Vilaró

EL PAIS | INFORME NACIONAL | 04/12/2011  | Pág. 10


"¿Viste cómo está el ambiente, no? Yo te digo una palabra de más y se me arma un lío tremendo; en vez de construir, destruyo", advierte antes de comenzar la entrevista, para dejar en claro que no tiene intención de meter el bisturí en los líos sindicales. Hoy, a los 75 años, ya alejado del gremio de ADES, y de la docencia, dedica su tiempo a reflexionar sobre los temas de la educación y, en particular, sobre la situación de Secundaria, que considera trágica. "Tenemos un problema muy serio como país", afirma, pero está convencido de que hay ideas y gente muy competente para hacer frente a los numerosos desafíos de la educación.
J.L. Aguiar
-Danilo Astori considera que es necesario discutir el concepto de "autonomía" en la educación e impulsar una conducción nacional. En esa idea coinciden otros actores, y usted, supongo. Cuando hablamos de autonomía, ¿a qué nos referimos en concreto?
-Es imprescindible aclarar ese concepto. Autonomía no significa autarquía y tampoco implica que el gobierno de la enseñanza deba estar en manos de la lista ganadora en un sindicato. Hay una imagen cultural de la izquierda que viene de décadas atrás, que ubica a los entes autónomos de la enseñanza como si fueran una república aparte. El tema aquí es ir a la Ley, y distinguir lo que es la enseñanza obligatoria, en la órbita de la ANEP, de lo que es la educación universitaria.

-¿Y entonces?
-En la enseñanza obligatoria, ¿el gobierno nacional no tiene nada que decir? Los partidos políticos, en su campaña electoral, ¿no pueden hacer promesas en el campo de la educación? Si lo hacen, es porque tienen potestades para tomar decisiones. Para los entes de la enseñanza obligatoria (Primaria, Secundaria y UTU, hoy en la ANEP), la Constitución expresamente encomienda al Poder Ejecutivo y, en su caso, al Parlamento, establecer las formas de gobierno, determinar las competencias de los Consejos e investir a las autoridades como "directores de Ente Autónomo". También les confiere potestad para crear o suprimir entes autónomos, y al gobierno le otorga iniciativa en materia presupuestal. No se puede plantear que la autonomía en la educación es una isla, que nadie puede opinar o proponer orientaciones. Es un enfoque equivocado. Lo que tiene el Codicen es autonomía administrativa y técnica, y no implica una muralla para independizarse del país.

-El Pro-Mejora, que pretende otorgar grados de autonomía a los liceos que participan, supone para los sindicatos una amenaza a la "autonomía". ¿Cómo se explica ese discurso?
-En cuanto al proyecto Pro-Mejora, lo que corresponde hacer, antes que nada, es leer el proyecto, que surgió de un proceso de elaboración colectiva con muchos meses de trabajo, y que está colgado en la web. Ese texto no plantea `fondos concursables`, no postula que los liceos compitan por recursos, no propone modificar planes o programas... Para poder discutir hay que partir de los hechos. ¿Qué es lo que plantea el proyecto? En pocas palabras: se presenta a los centros educativos a los que les interesa participar; no obliga a nadie. A esos centros se les dan pautas para que identifiquen qué problemas tienen, en el plano de la convivencia y en el plano de los aprendizajes, y que propongan líneas de acción para mejorarlos. No veo en el texto un planteamiento que tenga que ver con la autonomía. Es inexplicable de dónde surgen determinadas afirmaciones contra el plan.

-Se afirma que el proyecto puede generar una educación para ricos y otra para pobres.
-No hay, en ese proyecto, ningún riesgo de generar una educación para ricos y una educación para pobres. Ese riesgo lo tenemos hoy. No es un problema del futuro, es un problema del presente. Hoy tenemos una gran injusticia, una gran iniquidad, gente a la que se expulsa del sistema El Pro-Mejora quiere estimular en 20 centros -vea la dimensión: 20, en un total de 3.200-, a aquellos que tomen iniciativas propias sobre sus problemas y se pongan metas para salir adelante.

-En muchos países se han abordado reformas de la enseñanza pública, sobre todo en Secundaria. Usted vivió exiliado en Holanda. ¿Conoció experiencias que puedan ser aplicadas en Uruguay?
-Holanda es un ejemplo de políticas de fortalecimiento de la autonomía de los centros educativos. El sistema educativo holandés está dirigido por el Ministerio de Educación que cuenta con un staff de técnicos permanentes que otorgan estabilidad y anclaje a las orientaciones que establezca el nuevo gobierno. La clave está en los centros educativos de jornada completa, con docentes con su cargo en ellos y espacios para su desarrollo profesional, lo que les permite acompañar a cada alumno en su desarrollo.

-Por primera vez en años hay un consenso político y social muy amplio respecto a algunas medidas que deberían tomarse para atajar la crisis en la educación. Sin embargo, existe la impresión de que ningún cambio, ningún proyecto (Ni el Pro-Mejora, ni el Pro-Lee, ni el Pro-Razona) puede implementarse si los sindicatos se oponen. ¿Cómo se enfrenta ese problema?
-Leí ese comunicado (de ADES) donde descalifica a todos esos programas, pero no argumenta porqué son negativos. Pro-Razona y Pro-Lee están estudiando e investigando por qué no se aprende a leer y por qué no se aprende a calcular. Hay gente muy competente y muy capaz que está desarrollando ese trabajo, analizando cuáles son los obstáculos y dificultades del aprendizaje y cómo se debería encarar su superación.

-Pero insisto: ¿cómo se implementan cambios cuando los sindicatos se oponen?
-Los sindicatos tienen que distinguir lo que es la defensa de los derechos de los trabajadores, de lo que es un problema de la sociedad y del país. Volvemos al tema de la autonomía. El gobierno de la enseñanza tiene que dialogar, dialogar y dialogar, pero tiene que gobernar. Eso está en la tapa del libro.

-¿Quién tiene la solución a los problemas? ¿El gobierno, el Codicen, el sindicato, los docentes...?
-Hay un problema en este país, en el campo educativo, que me merece mucha atención, y es el tema de los estudiantes. Se hizo una reunión en Palmar, el año pasado creo que fue, o en abril de este año, donde participaron estudiantes de todos los liceos del país, públicos y privados; incluso concurrió el presidente de la República. Yo pude leer expresiones y posturas de aquellos estudiantes, sobre los problemas que vivían localmente, y eran muy razonables. Hoy observo el debate que se da en el país y me parece que esa voz, la de los estudiantes, es la que falta, la que está ausente. No se le da el micrófono a los jóvenes, y tienen mucho para decir. Yo muchas veces paso por la calle, frente a algún liceo; veo a un muchacho y le digo: ¿Vos que haces acá? ¿Por qué no estás adentro? Y me responde: `Porque me aburro`.

-Es verdad. Es parte del proceso que luego desemboca en la deserción.
-Es parte del proceso que planteaba. Estamos enseñando cosas que socialmente no importan, que al muchacho no le despiertan interés; también ahí estamos fomentando la expulsión.

-Hay otros problemas que deben enfrentarse: la violencia en el entorno de algunos liceos, la indisciplina... ¿Cómo se pueden atajar?
-Tenemos un problema muy serio como país. La educación puede resolver muchos, pero no puede resolver todos. Yo creo que un liceo tiene que poder vincularse al barrio, con sus problemas y con su gente; pero se encuentra con que ahí hay inseguridad, que el niño o el adolescente vive en una casa en la que está siempre solo, no hay quien lo ayude porque la madre trabaja o vive en un hogar monoparental. Hay toda una problemática que no se puede resolver con maestros comunitarios o con policías comunitarios que actúen independientes. Eso requiere un plan.

-¿Y ese plan puede instrumentarlo un liceo?
-No. Los profesores en este momento tienen angustia porque están enfrentando situaciones para las cuales no estaban preparados por su formación, y al mismo tiempo no tienen los apoyos necesarios. Si a eso le agregamos que lo que estamos enseñando importa poco, o sirve poco, y el muchacho se aburre, todo eso da un cóctel peligrosísimo.

-Más aún con docentes que hoy corren de un liceo a otro. Hoy no existe el profesor-cargo, sino un sistema de elección de horas; un sistema que usted ayudó a confeccionar hace años. ¿Cómo lo considera hoy?
-Yo tengo una visión autocrítica, pese a que colaboré a ese desarrollo. En este momento, revisar ese sistema es imprescindible, pero va a ser muy resistido. Ahí es donde el gobierno de la enseñanza va a tener que abrir los cauces para sentarse a pensar los temas.

-Se da una situación bastante original en la enseñanza, donde un profesor dice: `Yo voy a trabajar en un liceo equis`, y no sea el centro el que diga: `Yo quiero contratar a tal profesor`. ¿Qué es lo que se pretendía cuando se creó ese sistema de elección?
-Cuando se creó ese sistema, en lo único que se pensó fue en ordenar a los docentes en una lista de antigüedad, título, calificación, etc., y el docente elegía ese lugar de trabajo. No se miró el problema en todas sus dimensiones, no se pensó en los centros ni en los estudiantes. Yo no creo que pueda cambiarse ese sistema de un día para el otro, pero es un tema que hay que poner sobre la mesa y el gobierno de la enseñanza tiene que convocar a los sindicatos y a las Asambleas Técnico Docentes para discutirlo. Va a muy difícil, pero hay que asumirlo.

"Hay que crear liceos de tiempo completo"

-Usted había propuesto, hace un año, crear "liceos comunitarios". ¿En qué consiste esa idea?
-La propuesta intenta generar un Liceo de Tiempo Completo, con protección social, como en las actuales Escuelas de Tiempo Completo, partiendo del estudio del alumno, sus condiciones iniciales, sus motivaciones, sus gustos, y ofreciendo, además de asignaturas, distintos talleres (peluquería, cocina, artesanía, electricidad básica) talleres de expresión artística, corporal, plástica, deportes talleres de nuevas tecnologías, etc. Esos liceos deberían generar espacios propios a la socialización estudiantil y espacios propios para los docentes. Que los profesores sean los dueños del aula.

-¿Están superpoblados hoy los liceos? 

-Están sobredimensionados. Los liceos monstruos del siglo pasado ya no funcionan. Hay que ponerse una meta: ningún centro educativo debería tener más de 500 o 600 estudiantes. Eso lo tiene claro el director del Liceo Jubilar. "Yo no puedo tener más de 250 alumnos", dice. "¿Por qué? Porque los tengo que conocer y los tengo que seguir, saber lo que les pasa, cómo viven en sus casas, etc.. Si pierdo la dimensión humana y no los puedo seguir, no los puedo acompañar en su crecimiento".