40 AÑOS DEL FRENTE AMPLIO - REFLEXIONES EN EL CAMINO

Senador Enrique Rubio

El Frente Amplio en el espesor del tiempo.

Cuando suscribimos con nuestra presencia, modesta y sorprendida, juvenil y entusiasta, el acta fundacional, la Declaración Constitutiva del FA en el Salón de Fiestas del Palacio Legislativo, ¡vaya a saber cuál horizonte avizorábamos y en qué tiempos sospechábamos que irrumpiría!. Sin lugar a dudas las miradas eran diferentes entre los participantes de aquel evento inaugural, y tampoco coincidirían con lo que después acaeció. Pero todos teníamos clara conciencia de que estábamos participando de algo muy importante  y original.

A 40 años, en el interior de los 200 años del inicio de la emancipación, a 20  años del comienzo del gobierno progresista en Montevideo encabezado por Tabaré, y en pleno despliegue del segundo gobierno nacional, con Pepe y Danilo en la conducción del país; con la responsabilidad, por primera o segunda vez, de varios gobiernos departamentales en Canelones y el Interior del país, y de numerosos y emergentes gobiernos locales; hoy, podemos afirmar que el FA ha sido una experiencia tremendamente exitosa, que ha ayudado a crear buena parte de la mejor historia de los uruguayos, y no sólo de la reciente sino de la Historia a secas.

El nacimiento que conmemoramos.

Siempre pensé que nos apoyábamos en una vasta herencia de luchas sociales, políticas y culturales, mediante un acto de formidable invención política que requirió tanta inteligencia como arrojo, razón y corazón.  Nadie  había roto en gran escala las barreras políticas, ideológicas y afectivas que separaban a corrientes de avanzada de los PPTT, a los democristianos uruguayos y a las más diversas expresiones de la izquierda histórica e independiente, para formar un vasto movimiento de orientales honestos dispuestos a enfrentar el autoritarismo ascendente, el estancamiento económico de largo plazo y el empuje concentrador de la riqueza por una minoría social.

Esta vez se pudo, después de muchos fracasos y dolores, no solamente  cortar los alambrados, sino adquirir el  compromiso de una acción política permanente, mediante un programa para una nueva sociedad, y también adoptar un código de conducta vinculante y una forma de organización común como coalición y movimiento.

Cuánto costó, arriesgó o valió para que ello fuera posible, la decisión de Zelmar y de Alba, de Enrique Erro, de Ariel Collazo, o de Francisco Rodríguez Camusso; cuánto gravitó la apertura de Juan Pablo Terra, o la visión estratégica de la izquierda de Rodney Arismendi, Héctor Rodríguez o José Pedro Cardoso, que predicaba o admitía la unidad sin exclusiones; cuánto pesó la adhesión de los militares democráticos liderados por Líber Seregni, Licandro, Zufriategui, Baliñas y tantos otros; cuánto la academia progresista con el magisterio de Quijano, Real de Azúa, Crottogini o Benedetti y muchos más; cuánto el sindicalismo unitario de José D’Elía, Pastorino, Cuestas, Gatti o Héctor Rodríguez, unificado a mediados de los sesenta en la CNT; cuánto el empuje del movimiento estudiantil con sus banderas, movilizaciones y mártires. No es posible, para nosotros, responder a la pregunta. Pero grande fue la lucidez y la audacia para estos actos de invención política, que tanta repercusión han tenido.

Dicho de otra manera, el FA ha sido una experiencia tremendamente exitosa porque nació Amplio, plural, porque adoptó la regla del consenso para garantizar esa pluralidad, porque jerarquizó la unidad programática por encima de los objetivos ideológicos finalistas de sus fuerzas constitutivas, y porque tuvo un adversario nítido. Sabía contra qué luchaba y a favor de qué luchaba.

La construcción de la identidad frenteamplista.

Luego vino la trabajosa y lograda construcción de la identidad frenteamplista, como producto de los avances y retrocesos, de los logros y padecimientos, de la unidad y las grandezas, o de la superación de mezquindades y sectarismos. La identidad que se forjó en el acto del 26 de marzo  y en la campaña electoral de 1971; en el rojo, azul y blanco de matriz artiguista;  la identidad en la heroica resistencia a la dictadura, cuando se selló para siempre la trama espiritual del frenteamplimo, en la huelga general y en el 9 de julio de 1973, y en las tragedias que después vinieron, en el exilio y en el inxilio, en las cárceles y en la desaparición; o la que se expresó en el voto en blanco en 1982; la identidad en la participación en los movimientos sociales en la salida, desde el primero de mayo de los trabajadores y el pueblo con el PIT a la primavera estudiantil del 83 con ASCEEP y al acto del Obelisco del 27 de noviembre; la identidad en la actitud de Seregni en 1984; y en el ejercicio de la democracia directa en los plebiscitos por los DDHH, las empresas públicas o los derechos de los jubilados; la identidad en las campañas electorales; así como también en la capacidad de absorción de las fracturas y en el entierro de la tesis de las dos izquierdas en 1989; la identidad en la inclusión permanente, desde el PVP liderado por Hugo Cores al MLN encabezado por Raúl Sendic, pasando por una amplia diversidad de movimientos y expresiones, culminando con la incorporación de  corrientes del Encuentro Progresista; la identidad en la maravilla de la cultura del consenso y también en el ingenio para sortear  sus riesgos de parálisis o de imposición de las minorías. La identidad en la integración progresiva de la cultura de gobierno de la mano de Tabaré y Mariano Arana, y también en la identificación de las tentaciones del gobierno, o en los avances y costos en la inserción social, o en el doloroso aprendizaje para discriminar el interés general del  particular o grupal; la identidad en la prioridad para los más postergados, y en la siempre polémica estimación de la relación de fuerzas sociales para determinar la posibilidad de nuevos avances.

La obra realizada.

Es cierto, como decía el verso de Neruda, que nosotros los de entonces ya no somos los mismos. Nuestro programa se ha actualizado varias veces, incorporando los cambios en la realidad del país y del mundo, enfatizando las demandas de sectores discriminados con rostro de mujer o de afrodescendientes, o por su opción sexual, jerarquizando las nuevas temáticas del ambiente, de la revolución científico-técnica, de la energía o de la integración regional. También se han transformado las formas de organización, las corrientes internas se han desarrollado, reformulado o desaparecido, los Comités de Base han crecido o debilitado, de acuerdo con los períodos, tareas o cambios culturales, los liderazgos se han relevado y los sistemas de comunicación en red eclosionado.

Pero lo más importante es que los valores y fines básicos de una izquierda igualitaria, libertaria y solidarista, participativa e integradora de naciones y pueblos, defensora de los DDHH y en particular de los marginados, se han mantenido como horizonte de inspiración. Por otra parte, la izquierda frenteamplista ha pasado del discurso al acto, convirtiéndose en fuerza impulsora y conductora de una formidable construcción social, iniciada en el primer gobierno nacional progresista y continuada en el actual, y también desplegada en gobiernos departamentales.

Las materias pendientes.

Pero es necesario reconocer que es  mucha la agenda pendiente, en la sociedad y en la propia fuerza política. Porque es preciso consolidar y desarrollar las grandes reformas iniciadas con Tabaré, y avanzar hacia nuevas fronteras en materia de derechos individuales y colectivos, disminución de la pobreza y distribución de la riqueza, calidad del empleo, preservación y soberanía sobre los recursos naturales, educación y formación de recursos humanos, vivienda, cultura y comunicación democrática, seguridad ciudadana y pública, infraestructuras físicas,  integración regional y política internacional progresista.

Expresado más globalmente, en todos los aspectos de la vida social y en todas las escalas territoriales debemos luchar por la profundización de la democracia, por el desarrollo, la igualdad de oportunidades, el cambio cultural y la sustentabilidad económica, social y ambiental. A nuestro juicio, éstas son hoy las líneas más importantes de la lucha por la hegemonía social, política y cultural en una perspectiva de izquierda  en el país, y también en la región y en el mundo.

Todo ello supone una fuerza política vigorosa. Nadie ignora los problemas y fracasos que hemos padecido en los complejos vínculos entre la fuerza política, el gobierno y la sociedad. Es cierto que,  a cuatro décadas de su fundación, el Frente Amplio representa el único proyecto de país posible, pero enfrenta una crisis importante.  Para superarla será necesario profundizar el debate ideológico y político, gestar acuerdos profundos para la renovación de la fuerza política, tanto en su inserción en la sociedad como en su capacidad de elaboración programática y en su democratización político-orgánica.

En relación con la inserción social, debemos tener muy presente que el proyecto estratégico del Frente Amplio supone la reconstrucción, mantenimiento y desarrollo de una alianza social amplia. Tanto las políticas públicas del Estado como las políticas partidarias de vínculo directo con la gente, deberán partir del supuesto estratégico de que, para asegurar la sustentabilidad de la propuesta resulta clave fortalecer la inserción del Frente Amplio en la sociedad y su capacidad de acción política, tanto en el respaldo a sus gobiernos como en la construcción de redes de acción social que posibiliten el desarrollo autónomo y el crecimiento político de los actores sociales populares y la construcción plural de ciudadanías.

Tanto como este fortalecimiento de la inserción social, la renovación implica apoyarse en dos pilares fundamentales: la profundización y elaboración colectiva del horizonte programático y de la utopía por la que luchamos; y la ampliación de la participación del pueblo frenteamplista en la vida interna y en los organismos de representación; así como también el fortalecimiento de la conducción y la profundización de la discusión de las grandes líneas para gobernar y para la fuerza política, siempre respetando la unidad en la diversidad y la regla de oro de la unidad de acción.

¡¡¡VIVA EL FRENTE AMPLIO!!!